Confucio y los negocios en China (Parte II)

Este post es el segundo de una serie de cinco artículos sobre los actuales entornos de negociación en China. (Antes de seguir, te aconsejamos que eches un vistazo al primer artículo).

Autora: Raquel Latorre

 

Parte II

El pensamiento confuciano: conceptos básicos

El núcleo primigenio del confucianismo se centraba en el desarrollo de una filosofía moral práctica que pudiera regular la conducta humana. Un ideal en el que la buena moral de la persona redundaría de forma directa en un buen Gobierno, por lo tanto, el trabajo no se centraba tanto en el desarrollo de técnicas y leyes para una mejor gestión del poder, sino en el cultivo de la moral de la propia persona, el ser humano, definido como Ren (人 en chino ‘persona’, pero en Las Analectas de Confucio el significado se acerca más al concepto de ‘benevolencia’) en su más alto valor ético y moral. De hecho, se trata del carácter chino que se repite un mayor número de veces en Las Analectas.

Desde los comienzos del imperio unificado (Dinastía Han, 206 a.n.e. – 220 d.n.e) se buscó un sistema de ideas que diera legitimidad al orden establecido, garantizando así la obediencia de los gobernados, siendo el Confucianismo la doctrina elegida para tal fin y que perduró en activo hasta el S. XX. En este sentido, los diferentes gobiernos siempre buscaron resaltar aquellas normas que más se ajustaban a sus intereses para permanecer en el poder. A raíz de las doctrinas de Confucio, se produjo un cambio en el principio de legitimidad de los gobernantes que dejó de centrarse en el origen social para pasar a centrarse y valorar el talento y la virtud individuales. Este principio, que permitiría a la dinastía Han subir al trono, en momentos de descontento popular, se convertiría en un elemento legitimador de revueltas.

Algunas de las enseñanzas confucianas que más han influido en la cultura china hasta prácticamente nuestros días son:

1- Código moral benevolente

Confucio, no en vano, otorgó al concepto de Benevolencia (Ren人) un lugar predominante en su gran obra. Consideraba que dicha capacidad de ser benevolente era inherente a cualquier persona. El grado de benevolencia que podía tener una persona se manifestaba en la capacidad de amar y respetar a la familia, demostrando piedad filial. Esta manifestación de amor y respeto Confucio pretendía trascendiera a todo ser humano ‘bajo el cielo’. Aquellos que lo lograran eran los que realmente poseían las cualidades del ren.

Por su parte, el concepto de Justicia (yi 義) fue definido por Confucio como lo que todo hombre en sociedad ‘debe hacer’, ‘obrar correctamente’, realizando acciones según el deber y la categoría de la persona bajo un buen carácter moral.

Por otro lado, el concepto de piedad filial ha trascendido hasta la actualidad y forma parte de las definiciones generalistas que a menudo se hacen sobre la sociedad china. En la mayoría de los casos el respeto a los mayores de la propia familia y de entornos más cercanos es una premisa que se mantiene arraigada en los valores y costumbres de gran parte de la sociedad China, sin embargo, la experiencia práctica, las exigencias de los nuevos modelos sociales han relegado a esta segunda mitad del núcleo de pensamiento confuciano a un segundo y tercer lugar, sustituyéndose por elevados sentimientos de competitividad, desconfianza y falta de solidaridad hacia otros seres humanos anónimos. No así, el respeto a los familiares, sobre todo a los familiares más cercanos, que se mantiene en la mayoría de los casos.

Ahora bien, este concepto de benevolencia se complementa de forma inexorable con la práctica del decoro. “El decoro es la manifestación externa de la benevolencia, mientras que la benevolencia es la forma interior del decoro”. De hecho, según Confucio, la puesta en práctica del decoro, es la única manera en que se puede alcanzar la cotizada armonía en la sociedad.

Pero el perseguir la armonía social no es asunto de un solo elemento. Al concepto predominante de la benevolencia humana se unen y complementan varios preceptos morales entre los que se pueden destacar:

  • La Rectificación de los nombres: Básicamente concebido para establecer un orden en la sociedad. Esta idea consiste en que los individuos cumplan con las responsabilidades y deberes que les corresponden según el rol o función que desempeñen dentro de la estructura social, o lo que Confucio denominaba ‘nombres’(ej.: gobernante/súbdito; padre/hijo; inferior/superior; etc.).
  • El conocimiento del ming: Supone hacer caso omiso del éxito o fracaso externo, desde el momento en que se reconoce la inevitabilidad del mundo tal como existe. El ming, es el decreto del cielo, origen de la naturaleza o esencia humana. Esta creencia en la autodisciplina, adquiere un matiz social cuando se considera que un país configura al hombre y su sabiduría en la misma medida en que el hombre configura al país.
  • Piedad filial: No se reduce a los deberes del hijo hacia sus padres sino que también comprende “el respeto por todo cuanto pertenece al mundo de los padres: el culto de lo antiguo, la veneración de la tradición, el respeto por cuanto pudieron haber hecho los predecesores, etc”.

A partir de estos deberes y reglamentaciones se auspicia una sociedad organizada en forma piramidal en donde las relaciones entre superiores e inferiores y entre iguales deben ser reguladas minuciosamente, tanto en las manifestaciones exteriores como por el rito o la etiqueta.

Sólo podría reordenarse una sociedad desordenada, elevando moralmente a sus miembros al nivel de sus primeros predecesores. Es con este fin que Confucio reimpulsó el culto de los antepasados, que de por sí siempre fue fuerte en China.

Para conseguir este estado ideal del ser humano, Confucio estableció un código de virtudes y unos lazos sociales mediante los que ponerlas en práctica. Así, estas ocho virtudes confucianas (八德 bādé) serían:

  • Deberes familiares (孝xiào);
  • Lealtad (忠zhōng);
  • Sinceridad, fiabilidad (信xīn);
  • Mantener las formas (禮li);
  • Hacer lo correcto (義);
  • Integridad, honestidad (廉lián);
  • Humildad(恥 chi).

2- El mandato del cielo

El mal gobierno va contra el orden natural y viola el mandato del cielo. Este hecho se puede extrapolar a los distintos status de la sociedad contemplados por Confucio. No sólo a quien gobierne mal, sino a quien no sea respetuoso con su familia, a quien haga el mal a otro miembro de la sociedad rompiendo el mandato de la armonía, le será retirado el mandato del cielo y caerán sobre él todo tipo de males (relación con el concepto de Karma de la India).

Este mandato del cielo ha sido interpretado desde varios puntos de vista. En occidente, se ha tendido a relacionar este concepto con influencias religiosas monoteístas. Sin embargo, la China de antes era es conocida por el culto politeísta, no sólo a dioses relacionados en su mayoría con la naturaleza, también el culto a los antepasados. Asimismo,“En el mandato del cielo se perciben inherentes conceptos relacionados con el destino”. Sin embargo, la idea que pretendía expresar Confucio era el papel o el rol o el trabajo que cada ser humano viene a hacer a la tierra y que viene impuesto desde el cielo. Un concepto más general, que no incluye la existencia de un poder único o varios poderes.

En consecuencia, el fin último de la búsqueda de benevolencia, de ética y moral por parte del ser humano, en definitiva, la consecución del Ren, no es otro que el logro de la Gran armonía bajo el cielo. El mantener esta armonía es lo que, según Confucio, “diferencia a los caballeros cultivados de los villanos”, pasando a convertirse en uno de los pilares de la cultura china hasta la actualidad.

El Mandato del Cielo se ha mantenido presente en la cultura china hasta prácticamente el S.XXI y continua como creencia o superstición en muchos estratos de la sociedad. La historia muestra varios ejemplos de ello. Como cuenta Manel Ollé en su libro Made in China, una semana antes de la muerte de Mao Zedong (1976) se produjeron varios terremotos que devastaron grandes extensiones del país. Estos desastres naturales desataron en la sociedad el recuerdo de estas viejas creencias confucianas sobre la pérdida del Mandato del Cielo que, disgustado con el último gobernante manda crueles señales. Tanta fue la sensación de alarma por este hecho que el partido se vio obligado a actuar, creando una campaña de reeducación para contrarrestar la emergencia de esta creencia ancestral.

3- La idea del justo medio

La idea del justo medio también se considera una virtud. Indica moderación en todo. Sin excesos, incluso en buenas intenciones. El hombre que consiga alcanzar la benevolencia (Ren) será un hombre superior (Junzi) educado y justo, con la cualidad añadida de permanecer siempre en el justo medio. Este hombre superior será el encargado de ocupar cargos públicos para dirigir la sociedad. Este concepto fue utilizado en posteriores dinastías como arma de control de acceso al poder, un acceso que comenzó a basarse en oposiciones a letrado (dinastía Ming 1368-1644), encontrándose estos nuevos eruditos muy lejos de lo que Confucio denominara hombre superior.

4- Clasificación jerárquica y categórica de las relaciones entre seres humanos

El ser humano, en la doctrina confuciana, no se entiende como ente individual, sino como parte de un todo, de una sociedad en la que ocupa un determinado lugar y desempeña una función.

Así, el ideal de armonía social para Confucio sólo se podía obtener, a su vez, si se establecían y seguían diferentes estatus sociales, que debían ser estrictamente cumplidos por cada miembro de la sociedad. “Que el gobernante se comporte como gobernante, el súbdito como súbdito, el padre como padre y el hijo como hijo”.

Relaciones entre seres humanos de acuerdo a cinco categorías: gobernante-gobernado; marido-mujer; padres e hijos; hermanos mayores y menores; amigos.

Merece especial atención como las raíces confucianas basan la diferenciación jerárquica desde modelos familiares. Esta forma de tratarse se extrapola posteriormente a otros ámbitos, tratando (incluso nombrando) como hermanos mayores y menores a personal del entorno de trabajo; amigos, socios, etc. De esta forma se produce una interacción continua entre Individuo, Familia y Estado, algo que se mantiene hasta la actualidad.

Todo ello englobado en un hálito de armonía y no violencia que evita cualquier enfrentamiento entre las diferentes capas de la jerarquía dualista marcada por Confucio.

Así, Confucio estableció las relaciones entre seres humanos de acuerdo a cinco categorías (wu lun 五倫):

  1. Gobernantes y gobernados (junchen 君臣);
  2. Marido y mujer (fufu夫婦);
  3. Padres e hijos (fuzi父子);
  4. Hermanos mayores y menores (xiongdi兄弟);
  5. Amigos (pengyou朋友).

Excepto la última, el resto de relaciones responden a un orden jerárquico, mientras que las tres primeras conforman el denominado Sangang (三綱), los tres pilares del orden social. Su aceptación garantiza la armonía social y la no violencia, es decir, mantiene una tendencia a la evasión al enfrentamiento directo en aras de no romper la armonía que genera dicha categorización de la sociedad.

La búsqueda de esa armonía evitando los enfrentamientos es una forma de actuación fácilmente reconocible en los entornos profesionales, de negociación e incluso familiares. El enfrentamiento directo a un superior, sea jefe o padre, está catalogado por las normas de protocolo como sumamente descortés y puede dañar el correcto desarrollo de dicha negociación.

Y… en la próxima entrega hablaremos de Las Analectas, Mencio y el Neoconfucianismo. 

Si te gustan estos temas, puedes que te interese también nuestro curso de Claves de negociación y protocolo chino.