Confucio y los negocios en China (Parte IV)

El presente post es el cuarto y penúltimo de una serie de cinco artículos sobre la influencia de la herencia cultural confuciana en los actuales entornos de negociación chinos. 

Autora: Raquel Latorre 

 

Parte IV

Rasgos socioculturales

La actual sociedad china, tema de estudio de innumerables sociólogos e investigadores, ha sido objeto de varios análisis con la intención de catalogar las similitudes y diferencias de una población tan heterogénea como numerosa. Para empezar, la sociedad china está dividida en 56 grupos étnicos diferentes, pero existe una etnia mayoritaria, la etnia Han (93% de la población). El resto de etnias son más o menos numerosas y mantienen una serie de privilegios por parte del Gobierno chino como, por ejemplo, medidas especiales en la aplicación de la política del hijo único. Sin embargo, la realidad sitúa a los diferentes grupos étnicos de China en posición de inferioridad frente a la etnia Han, llegando a convertirse en algunas ocasiones en meros reclamos para el turismo. 

Con este marco demográfico resulta difícil atreverse a generalizar. Sin embargo, cuando hablamos de rasgos socioculturales chinos, en occidente, se tiende a remarcar algunos aspectos comunes y a englobarlos en definiciones más o menos acertadas de las formas de pensar, hábitos y costumbres chinas.

 

1. Tradición agraria y exaltación de la antigüedad frente a modernización y desarrollo

La buena disposición geográfica de China para el desarrollo agrario ha provocado que, hasta nuestros días, la agricultura sea un elemento a tener en cuenta a la hora de analizar el pensamiento chino. Si bien, lo que mayoritariamente se conoce de China es su manufactura (modelo basado en la exportación en proceso de cambio hacia un mayor desarrollo I+D y la apuesta por el consumo interno) y su ascendente desarrollo económico en los últimos años. Ahora bien, no hay que olvidar que hoy en día más de 700 millones de chinos viven aún en zonas rurales. 

China se vio agraciada con depósitos de Loess en el norte, regularidad de los monzones, una gran riqueza de su flora y el bambú, al que se le pueden dar los usos más diversos. Asimismo, a diferencia de la India, Europa, Oriente Medio y la cuenca mediterránea, donde la ganadería se asocia con la agricultura, desempeñando un papel determinante en la forma de gobierno, en China se dividía claramente la ganadería nómada de la agricultura sedentaria. Este predominio de lo vegetal ha creado conceptos básicos como que el agricultor que no debe intervenir en el desarrollo de las plantas, sino ofrecerles los cuidados apropiados. Se percibe así una mayor confianza en la raza humana y una concepción del gobierno menos intervencionista, aunque no se descartó el castigo, la enseñanza y las buenas costumbres parecían más eficaces que las leyes. 

Asimismo, la agricultura en China siempre ha sido sinónimo de motor de éxito. En momentos puntuales de la historia de este país, como la época e las reformas de Deng Xiaoping (1978), la agricultura, tras el parón sufrido con Mao y la organización en comunas, se convirtió en el motor de éxito de la gran reforma económica acometida por Deng Xiaoping. 

Esta tradición agraria, sujeta a modificaciones, cambios de estado también ha traído consigo costumbres bastante arraigadas, ya que la realidad del campo comprende un estilo de vida basado en la comunidad y no en el individuo. En muchos casos, la supervivencia depende de la cooperación entre familiares, vecinos o incluso amigos. En este sentido, el sacrificio individual en aras del bien colectivo, ya sea en entornos cercanos y reducidos (familia), como más amplios (aldea o pueblo), es considerado como un deber moral. Ahora bien, esto no significa que todo el conjunto de la sociedad china acate este principio que coincide en muchos casos con el de ‘Piedad Filial’. La competitividad, el ritmo de vida y las exigencias de la China actual, especialmente en las ciudades, están dejando atrás estos conceptos, que son sustituidos por presiones individuales, familiares y de entornos cercanos como pareja o amigos. 

Por otro lado, uno de los aspectos que con mayor orgullo destaca la mayoría de la sociedad china en cuanto tiene oportunidad es el hecho de poseer una cultura con más de 5.000 años de antigüedad. La cultura otorga identidad y la identidad sentimiento de pueblo y de unidad, más en el Gigante Asiático que tantas veces ha visto peligrar su unidad territorial y de población. Si algo puede tener en común la población más numerosa del planeta es el orgullo por su cultura milenaria. Con matices, eso sí, ya que no hay que olvidar la heterogeneidad étnica del pueblo chino, con costumbres, tradiciones y, por supuesto, dialectos diferentes.

 

2. Idioma y escritura como signo de identidad

La lengua china no es conocida sólo por su complejidad, sino también por su tradición e importancia a la hora de conformar una identidad cultural en la sociedad china. Un lenguaje donde cada signo se articula como una unidad semántica es, para mucho, una prueba más de la creación de una innecesaria dificultad añadida a un idioma ya complicado de por sí. Sin embargo, esta misma complejidad ha hecho que, a lo largo de los años, la escritura china se haya mantenido fiel a su estructura de signos y haya sido imposible modificar su esencia y transformarla en un idioma con alfabeto. Este hecho no le otorga a la lengua sino más relevancia aún, convirtiéndola en símbolo de unidad e identidad cultural. Su valor estético, elevado a la categoría de arte, la innumerable cantidad de apellidos, la diversidad de sonidos homófonos, son algunos de los elementos que impiden la desaparición o la transformación de esta lengua en un idioma más adaptado a los cánones occidentales. 

Ahora bien, no hay que olvidar las transformaciones sufridas por los caracteres a lo largo de los siglos, así como la creación de diferentes transcripciones alfabéticas. Así, desde que a finales del s.XIX, la diplomacia británica creara el método de transcripción Wade-Yales, se han sucedido varios intentos de plasmar los sonidos de los caracteres chinos en un alfabeto latino. Sistemas como el de Yale (1943) creado por soldados americanos, o los Zhuyin o Gwoyeu Romatzyh, de creación china y gran complejidad, no llegaron a implantarse como alternativas.

No fue hasta la década de los 50 cuando se inició un programa del gobierno para la creación del sistema de transcripción oficial. Tras varios años de trabajo finalmente el método Pinyin vio la luz y fue reconocido oficialmente por la ISO (Organización Internacional de la Normalización) en 1979. Su creador, Zhou Youguang, pasó a la historia como el padre del Pinyin, ayudando a reducir en 50 años la tasa de analfabetismo en China de un 80% a un 10% (según datos oficiales del Gobierno hino), junto con la simplificación de caracteres y el establecimiento de la educación universal y del chino mandarín como lengua oficial de la por entonces recién creada República Popular China. 

Por otro lado, el hecho de que la escritura se haya mantenido inalterable a pesar de las continuas transformaciones fonéticas sufridas por la lengua, ha desembocado en una acumulación de significados y connotaciones culturales e históricas en los mismos caracteres a lo largo de los siglos, permitiendo a su vez una continuidad de tradiciones escritas que no se encuentra en ninguna otra civilización. Así, la lengua china y su escritura adquieren un estatus superior al de simple idioma para convertirse en orgullo y parte de la identidad del país. Motivo por el que gran parte de la población valora muy gratamente por parte del extranjero el conocimiento de su lengua o la capacidad de entender la relevancia de la escritura china. 

 

3. Pragmatismo y desconfianza

Mao y su utopía política es la excepción que confirma la regla del pragmatismo chino. Pragmatismo que, tres años después de la muerte de Mao Zedong (1976), Deng Xiaoping eleva a la categoría de máximo exponente con sus reformas y su búsqueda del enriquecimiento y del desarrollo económico a cualquier precio. Tal y como se puede apreciar en una de sus declaraciones con mayor repercusión a lo largo de más de 30 años: “da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones”.

Así, el pragmatismo en China, se puede aplicar a todo tipo de entornos, desde el económico anteriormente citado, hasta el filosófico y religioso. Véase el caso del Budismo Chan, religión adquirida en el s.V, proveniente de la India y que se adaptó a la estética y creencia chinas con determinadas imágenes y prácticas taoístas y de otras religiones populares. En definitiva, un pragmatismo basado también en la asimilación y adaptación de doctrinas ajenas.

En segundo lugar, una característica muy común en determinados entornos, sobre todo empresariales y a la hora de hacer negocios, es la desconfianza. Una desconfianza hacia lo desconocido, grupo en el que también se encuentran los extranjeros que quieran hacer negocios en China. Esta desconfianza natural que en ocasiones se puede encontrar al tratar con interlocutores chinos tiene un origen histórico-cultural basado en los años de represión y sumisión que ha sufrido esta civilización en numerosas ocasiones a lo largo de su historia. Esto ha conformado una cierta actitud protectora y defensiva, sentando las bases de confianza en: familia y estabilidad económica.

Por lo tanto, el lograr confianza (xinyong) se convierte en la mayoría de los casos en el primer objetivo básico de toda negociación. En este sentido hay que tener en cuenta que los negociadores chinos prestan más atención al medio que a la consecución de un fin en sí mismo. Dando una gran importancia al proceso que conduce al objetivo, que al objetivo en sí mismo. Sin embargo, en muchas ocasiones en las que el fin conlleva un amplio beneficio económico, esta técnica puede parecer que es desestimada. Ahora bien, el pragmatismo y el ‘homo economicus’ chino se siguen rigiendo por la máxima de obtención de confianza. Sin duda sigue siendo el mejor puente para lograr cualquier objetivo.

 

4. La importancia de la moral confuciana frente al ‘homo economicus’ 

Tras refutar los éxitos comerciales de las comunidades chinas en varios países del mundo, no es de extrañar que, como ya afirmara el embajador de España en China, Eugenio Bregolat, la imagen externa que se aprecia de esta sociedad es que “el chino es un ser muy dotado para lo económico, un ‘homo economicus’.” Ciertamente, el chino es un ser pragmático por excelencia, trabajador, ahorrador (más del 40% de tasa de ahorro en China, aunque este hecho ya está comenzando a cambiar) muy emprendedor y con una particular ‘ética económica china’ en la que el dinero se erige como objetivo y fin absoluto. 

Este concepto que puede chocar abiertamente con las enseñanzas clásicas de Confucio donde la benevolencia del hombre le llevaría a ser un gobernante ejemplar, propiciando una sociedad en armonía. Sin embargo, lejos de este hecho, se complementa con la transición a nuevas tendencias políticas e ideológicas en las que el propio Deng Xiaoping entendía y buscaba un Estado fuerte capaz de crear y sostener una economía de mercado cada vez más parecida al capitalismo.

 

5. Valores comparados China – Occidente 

OCCIDENTE CHINA
Individualismo Colectivismo
Igualdad Jerarquía
Importancia de la información Importancia de la relación
Visión detallada Visión colectiva
Definición Ambigüedad
Búsqueda de la verdad Búsqueda del camino
Cultura del argumento Cultura de la negociación

 

Y… en la próxima entrega hablaremos de la aplicación práctica del modelo confuciano.