
El Libro del Tao liberado
Mariola Moncada Durruti
El Tao Te Ching vuelve a hablarnos: una nueva versión de Laozi para el lector contemporáneo
Entre los grandes clásicos de la humanidad, pocos textos han ejercido una influencia tan silenciosa y profunda como el Tao Te Ching (道德经), el “Libro del Tao y de la Virtud”, atribuido al sabio chino Laozi (老子). Escrito hace más de dos mil años, en el ocaso de la dinastía Zhou y en los albores del gran periodo filosófico chino conocido como las “Cien Escuelas del Pensamiento”, este breve libro de apenas cinco mil caracteres ha atravesado siglos, culturas y lenguas sin perder su extraordinaria capacidad de sugerencia.
La figura de Laozi, el “viejo maestro” se mueve entre la historia y la leyenda. Según la tradición, habría sido un archivero en la corte Zhou que, decepcionado por la decadencia moral y política de su tiempo, abandonó la civilización montado sobre un búfalo hacia las fronteras del oeste. Antes de desaparecer, un guardián del paso le pidió que dejara por escrito su sabiduría: así habría nacido el Tao Te Ching. Más allá de la veracidad histórica del relato, lo cierto es que el texto se convirtió en una de las columnas fundamentales del pensamiento chino y en el núcleo filosófico del taoísmo.
Su aportación a la cultura china es inmensa. Frente a los sistemas rígidos, el Tao Te Ching propone una comprensión fluida de la realidad basada en la armonía con el Tao (道), el “Camino”, principio originario e inefable del universo. Conceptos como el wuwei (无为), traducido literalmente como la “no acción”, pero quizás sea más idóneo para entender su sentido más profundo traducirlo como la “acción sin coacción” o “acción sin intencionalidad”; la relatividad de las oposiciones, la suavidad que vence a la dureza o la idea de que el vacío posee una utilidad esencial, han impregnado no sólo la filosofía china, sino también su estética, su poesía, su pintura, su medicina y, en definitiva, su concepción de la realidad.

No es extraño que el Tao Te Ching sea hoy uno de los libros más traducidos del mundo.
Las grandes traducciones españolas directas del chino
Durante mucho tiempo, las versiones españolas del Tao Te Ching dependieron de traducciones francesas, inglesas o alemanas. Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX comenzaron a aparecer en español traducciones realizadas directamente del chino clásico, gracias al trabajo de varias de las grandes figuras de la sinología española.
Entre ellas destaca la pionera versión de Carmelo Elorduy, jesuita y uno de los primeros grandes estudiosos españoles de la filosofía china. Su traducción, publicada en 1961, abrió el camino a una recepción más rigurosa del taoísmo en lengua española.
A finales de los años setenta apareció la célebre traducción de Iñaki Preciado Idoeta, reeditada en una nueva y original versión del Tao Te Ching del 2006, probablemente la más influyente de la sinología española moderna. Su versión combinaba precisión filológica y sensibilidad literaria, y contribuyó decisivamente a situar el estudio académico del pensamiento chino clásico en España.
Ya en los años noventa, Anne-Hélène Suárez ofreció una traducción extraordinariamente elegante y poética, capaz de conservar el tono sugerente y casi musical del original chino. Su versión sigue siendo una de las más apreciadas por los lectores interesados en la dimensión literaria del texto.
El gran sinólogo y traductor de clásicos chinos, Gabriel García-Noblejas, ha aportado una lectura especialmente cuidadosa desde el punto de vista filosófico y textual, el Tao Te Ching es una de las obras que integran la exquisita selección de clásicos chinos que ha realizado para Alianza editorial
Cada una de estas traducciones refleja una manera distinta de acercarse al misterio del Tao: unas más filológicas, otras más poéticas, otras más filosóficas. Y quizá esa pluralidad sea inevitable, porque el Tao Te Ching es precisamente uno de esos libros que nunca terminan de agotarse en una sola interpretación. Es precisamente la extraordinaria plasticidad de su lenguaje —tejido de símiles, metáforas y aparentes paradojas— lo que ha convertido al Tao Te Ching en un clásico universal. A lo largo de los siglos, lectores de horizontes intelectuales e ideológicos muy diversos han encontrado en sus páginas motivos de reflexión: desde pensadores de inspiración cristiana hasta corrientes de pensamiento marcadamente materialistas o ateas.

Un clásico liberado: la nueva versión de Manel Ollé
A esta tradición se suma ahora una propuesta singular y muy atractiva: la edición publicada recientemente por Blackie Books dentro de su colección Clásicos Liberados: El libro del Tao liberado, una edición bilingüe con traducción y adaptación de Manel Ollé e ilustraciones de Calpurnio.
La colección merece ya por sí misma una mención especial. Clásicos Liberados busca acercar grandes textos de la tradición universal a lectores contemporáneos mediante ediciones visualmente muy cuidadas, accesibles y literariamente vivas. No se trata simplemente de reeditar clásicos, sino de volver a abrirlos, devolverles capacidad de dialogar con el presente.
Y eso es precisamente lo que consigue esta edición del Tao Te Ching.
Manel Ollé, sinólogo, escritor, poeta y docente universitario, evita tanto el exceso de academicismo como las lecturas superficiales que tantas veces han acompañado al taoísmo en Occidente. Su aproximación es clara, limpia y contemporánea, y con una muy afortunada contextualización del Tao te Ching en la “era axial”.
Esta versión del Tao Te Ching no tiene el enfoque filológico y de crítica textual exhaustiva, sino la intención clara de suscitar conversaciones actuales con Laozi. Y lo consigue de una manera lúcida y original con la incorporación de poemas y fragmentos de autores de épocas y tradiciones muy distintas que, de algún modo, comparten una sensibilidad espiritual muy similar al taoísmo. Aparecen así voces separadas por siglos y culturas que convergen en una misma intuición: la armonía con la naturaleza, el elogio de la simplicidad, la desconfianza hacia la rigidez del poder o la conciencia de que lo esencial suele ser invisible. Para abrir boca y estimular al lector, le diremos que San Juan de la Cruz, Lewis Carrol, Antonio Machado, Fernando Pessoa y Ludwig Wittgenstein, entre otros, son compañeros de viaje a lo largo de esta ínclita sección.

Taoísmo y física cuántica: un diálogo inesperado
Pero quizás la conversación más interesante que evoca esta edición del Tao Te Ching, es la del Tao con lo más puntero de la ciencia actual. La edición del El libro del Tao Liberado incluye además un interesante artículo del físico y divulgador científico Alessandro Maccarrone, Otras visiones desde la física, dedicado a las relaciones entre filosofía oriental y física contemporánea. El tema no es nuevo, pero sigue resultando fascinante y, extrañamente, no demasiado comentado en los círculos de divulgación científica.
Desde mediados del siglo XX, diversos pensadores han señalado ciertos paralelismos entre la visión relacional y dinámica del universo presente en las tradiciones asiáticas y algunos descubrimientos de la física moderna. La obra más famosa en esta línea es probablemente El Tao de la Física (1975), del físico austríaco Fritjof Capra, que comparaba determinadas intuiciones del taoísmo, el budismo o el hinduismo con conceptos de la física cuántica y la teoría de sistemas.
Naturalmente, conviene evitar simplificaciones fáciles o pseudocientíficas. Laozi no anticipó la mecánica cuántica. Pero sí resulta sugerente observar cómo algunas ideas centrales del pensamiento taoísta —la interdependencia de los fenómenos, la imposibilidad de fijar completamente la realidad en categorías rígidas, la complementariedad de los opuestos o la naturaleza dinámica del universo— encuentran ecos inesperados en ciertos modelos científicos contemporáneos.

En un tiempo dominado por la hiperaceleración tecnológica y la fragmentación de la experiencia, quizá uno de los mayores valores del Tao Te Ching siga siendo precisamente ese: recordarnos que el ser humano forma parte de un orden mucho más amplio que él mismo, cambiante y contradictorio, es decir, dinámico por naturaleza, lo mismo que nos dice la física moderna.
Tal y como dice el autor en este artículo “todos seguimos siendo un poco clásicos en nuestra manera de entender cómo funciona la naturaleza”, es curioso pensar como una “clásico” chino con más de dos milenios, nos pueda ayudar a desempolvarnos del ropaje newtoniano que sigue encorsetando nuestra visión de la realidad y darnos nuevas “alas”, qué cosas…
Finalizamos esta reseña haciendo honor a un aspecto importante y especialmente enternecedor del libro, las ilustraciones de Eduardo Pelegrín Martínez de Pisón, más conocido como Calpurnio, llenas de sencillez, humor y delicadeza visual, han sido uno de los últimos trabajos que pudo realizar el artista en vida y algo que, sin duda añade un valor muy especial a esta edición del Tao Te Ching.















