Historia de las Ciencias chinas (1) El despertar del dragón

AUTOR: Rafael de Mora Sánchez

Hoy en día, el público occidental no deja de sorprenderse del avance que la economía china está teniendo en los últimos años, pero tal vez obnubilados por la creciente influencia político-económica de China en la esfera internacional, se están pasando por alto los increíbles avances científicos y tecnológicos que China está realizando en los últimos años, tal vez porque la mayor parte de ellos no han sido muy difundidos por los medios de comunicación occidentales. Repasemos algunos de ellos:

El 22 de junio de 2016 fue descubierto el “fermión de Majorana”, en Shanghai, por un grupo de investigadores de la Universidad Jiaotong. Este hito científico ha dado pie a la creación del primer ordenador cuántico y a la utilización de satélites con telecomunicaciones cuánticas (basados en el principio de entrelazamiento cuántico). El viaje a la cara oculta de la Luna ha permitido la posibilidad de probar con éxito esta nueva tecnología en un escenario real.

Liu Jing, jefe de un equipo de investigación conjunta de científicos de la Academia China de Ciencias y de la Universidad de Tsinghua, ha desarrollado “el metal líquido activo”, con el que se puede alterar la forma de los metales a voluntad, convirtiéndose en la materia prima de los próximos robots.

En mayo de 2016, un equipo de investigación dirigido por Dai Jianwu, investigador del Instituto de Genética y Biología del Desarrollo, realizó con éxito un trasplante de células madre en el sistema nervioso de un paciente que había quedado parapléjico debido a la lesión nerviosa en un accidente de tráfico. Después del trasplante, las piernas del paciente recuperaron gradualmente el movimiento.

El 21 de agosto de 2017 China inauguró su primer hospital con inteligencia artificial que ya ha empezado a funcionar. Se encuentra ubicado en Hefei (capital de la provincia de Anhui).

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Entre otras cuestiones, China ya ha puesto en uso la primera estación en el mundo de lanzamiento de satélites marina, ha construido el mayor radiotelescopio del mundo y está a punto de ser líder en registro de patentes, en vehículos aéreos no tripulados (drones), en teléfonos inteligentes, en construcción de puentes y rascacielos, en energías renovables, en inteligencia artificial, en la nueva generación de telefonía (5G), etc.

Más allá de su milagro económico, ¿cómo se explica su extraordinario ascenso científico? Algunos políticos occidentales y sus medios de comunicación afines no dejan de repetir que el gran ascenso de la economía china se debe exclusivamente a la copia de propiedad industrial occidental.

En primer lugar, no creo que haya ningún país que pueda arrojar la primera piedra con respecto al asunto de la copia de propiedad intelectual extranjera (este concepto es hoy en día conocido eufemísticamente como Inteligencia Económica), prueba de su absoluta vigencia. En segundo lugar, si fuera tan simple, ¿por qué no lo han hecho antes otros países?

Llegados a este punto, se muestra necesario hacer un poco de historia.

Desde la Primera Guerra del Opio, en la que el Reino Unido atacó a China en 1839, hasta el fin de la Guerra de Corea (1950–1953), en que Mao Zedong se involucró, transcurrió algo más de un siglo, en el que China se fue desangrando entre las agresiones militares externas de los grandes imperios coloniales del momento (británico, francés, austrohúngaro, ruso, japonés, etc.), que dominaban China como un estado pseudocolonial, más la guerra civil que libraron los comunistas de Mao Zedong contra los nacionalistas del Kuomintang de Chiang Kai-shek, incluso a la misma vez que luchaban contra la segunda agresión japonesa. Todo ello arrasó la sociedad china en todos sus ámbitos. Su economía quedó a un nivel comparable con el de muchos países subsaharianos del tercer mundo.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, se instauró un nuevo orden mundial liderado por EE.UU. Por un lado, se financió la reconstrucción de Europa con el Plan Marshall y, por otro lado, se hizo lo propio en Japón, Corea del Sur y Taiwán. A su vez, China (alineada con el bloque comunista) fue aislada del comercio internacional, por lo que su situación era realmente crítica. Así pues, China no tuvo otra opción que negociar con la URSS para obtener tecnología a cambio de grandes cantidades de cereales. Este acuerdo, el gran salto adelante, fue muy duro para el pueblo chino, que tuvo que soportar terribles hambrunas.

A la muerte de Stalin en 1952, le sucede Nikita Jrushchov, quien quiere forzar el acuerdo con Mao, introduciéndole como un país activo en el marco de la Guerra Fría, pero Mao se resiste, llegando al punto de cortar relaciones con la URSS, cuando aún no se había más que iniciado la transferencia tecnológica pactada. No obstante, y contra todo pronóstico, China fue capaz de terminar su propia bomba atómica en 1964, fue capaz de crear misiles intercontinentales transportadores de bombas atómicas en 1965 y fue capaz de fabricar la bomba de nitrógeno en 1967.

Japón y Taiwán, durante los años setenta y ochenta, fueron los países de las copias y de las manufacturas baratas. Rápidamente, China fue desarrollando una incipiente industria que le permitió, no mucho tiempo después, ser la fábrica del mundo, primero de copias y productos baratos y, después, de productos de alto valor añadido, hasta llegar en la actualidad a productos propiamente desarrollados en China, que tiene por objetivo en 2025 liderar la alta tecnología mundial.

El pensamiento eurocéntrico y de excepcionalismo en que Occidente se sumerge, le impide ver y aceptar que el liderazgo mundial de la ciencia no esté en sus propias manos, como siempre ha sido, sino que se encuentre en un país que hasta hace poco era parte del tercer mundo. Otros países asiáticos fueron grandes imitadores de las marcas occidentales, como fue el caso de Japón, pero ninguno de ellos, hasta la fecha, ha sido capaz de liderar la ciencia y la tecnología mundial. ¿Por qué? Desde mi punto de vista, las causas son las siguientes:

1. El acierto de la política denominada «un país, dos sistemas», desarrollada por Deng Xiaoping (邓小平) tras coger el poder en 1978, en la Tercera Sesión Plenaria del XI Congreso del Comité Central del Partido Comunista de China. Esta política económica supuso el renacer de una economía y de una sociedad que habían quedado devastadas.
2. Los políticos chinos pronto comprendieron la relación simbiótica existente entre ciencia y desarrollo económico, por lo que apostaron fuertemente por facilitar la capacitación a los jóvenes en las áreas científicas y tecnológicas.
3. Los jóvenes estudiantes chinos se sumaron a la iniciativa del gobierno al entender que, ciertamente, dichos estudios les garantizarían una mayor calidad de vida.
4. El pueblo chino siempre ha valorado y reconocido el valor de la ciencia, así como la cultura del estudio y del esfuerzo. Por ello, en la actualidad, algunas de las mejores universidades del mundo se encuentran en suelo chino.

Todos estos factores han creado el caldo de cultivo necesario para que hoy en día China se erija en un gigante científico y tecnológico, que acaba de despertar de un largo letargo.

El milagro económico y científico que ha surgido en China (sin la ayuda extranjera) no ha ocurrido en ningún otro país a lo largo de la historia, sólo ha ocurrido en China. ¿Habría ocurrido lo mismo si en otro país hubieran concurrido las mismas circunstancias? ¿Tiene China algo especial que la diferencia de otros países y que justifique dicho milagro? La respuesta se encuentra en su extensa y fecunda historia; es decir, en la historia de la ciencia china, tal vez uno de los mayores secretos que en Occidente aún tenemos pendiente de descubrir de China y de la cual hablaremos en el siguiente artículo titulado «El Dragón ancestral».

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