El movimiento metal y sus implicaciones en cosmología, medicina y dietética china

Autor: Rafael de Mora

Introducción

Tras el soleado y vivaz verano, llega la pérdida de luz y calor propias del otoño, que está directamente relacionado con alergias, catarros y gripes y, sobre todo, con una tristeza profunda que nos lleva a estados melancólicos. ¿Somos rehenes de la estación? ¿Puede la antigua sabiduría perenne taoísta de la antigua China aportarnos luz para vivir acorde con la naturaleza y no contra ella? ¿Podemos realmente sincronizar nuestra vida frenética y artificial con el pulsar de los ritmos de la Vida?

Veamos qué nos aporta el taoísmo, padre de la Medicina China.

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Cosmología china

El peregrinar de la Tierra alrededor del Sol genera la eterna danza cósmica del Yin-Yang. Lo que unido al propio ángulo de giro de la Tierra permite la aparición de las cuatro estaciones. Ya el celebérrimo Yi Jing (易經, Libro de las Mutaciones o Cambios), que se comenzó a escribir en el III milenio a. C., nos muestra cómo el binomio Yin-Yang (luz-oscuridad, calor-frío, expansión-contracción, etc.) es el arquetipo primigenio de la Vida, que no deja de volverse más y más compleja, hasta llegar al máximo de complejidad biológica conocida: el Ser Humano.

La cosmología china, esencialmente taoísta, divide el año solar en períodos que se asocian a los Cinco Movimientos (Wǔxíng, 五行) de la cultura china, que son cinco estados de consciencia que permean por igual a todos los seres vivos del planeta. El otoño es la estación perteneciente al Movimiento Metal y está relacionada también con el oeste, el color blanco, el sabor picante, la vejez, etc. La primavera, perteneciente al Movimiento Madera, y el verano, que se divide en el Movimiento Fuego y en el Movimiento Tierra, son estaciones Yang (de expansión y calor), y el otoño y el invierno son estaciones Yin (de contracción y frío). Así, el Movimiento Metal (otoño), implica un cambio de tendencia y un necesario y obligado cambio de dirección en nuestras costumbres y en nuestra consciencia para adaptarnos al nuevo escenario.

Cada uno de los Cinco Movimientos son, ante todo, territorios de consciencia, los cuales, de forma sincronizada con la Vida, nos permiten restaurar la unidad perdida con el Dào (道) o el Todo, del que formamos parte inseparable.

La cosmología estuvo muy presente en la vida cotidiana de la antigua China. Por ello, era costumbre que se ajusticiara a los criminales en otoño: momento del año en que se aplicaba la rigidez y la limpieza propias del Movimiento Metal. Igualmente, a los ancianos, en la casa familiar, se les asignaba la habitación que estaba situada al oeste, que también está relacionada según el Fēng Shuǐ (风水) con el Movimiento Metal.

Las Edades del Hombre

El Movimiento Metal se asocia con la vejez, aproximadamente desde la década de los sesenta años hasta horas, días, meses o años antes de la toma de conciencia de la muerte, que ya corresponde al siguiente Movimiento, el Movimiento Agua, el cual rige el final y el principio de la Vida: el punto circular donde inicio y fin se funden en el Todo cósmico.

El Movimiento Metal está caracterizado, evolutivamente hablando, por el concepto de limpieza entendido como desprendimiento de todo aquello que ya no es necesario. Al igual que los árboles primero cambian el color de sus hojas, en un empeño por darlas un último uso, y después las dejan caer en otoño porque ya han cumplido su misión, el anciano ha de dejar caer todas aquellas superficialidades de las que el ego se ha ido llenando en el transcurso de los años y, aunque el ego ha jugado un papel importante y necesario en otras edades, ahora es el momento de desprenderse totalmente de él.

Es el otoño, el Metal, el momento del desapego a lo no esencial. Lo que a su vez implica rescatar sólo lo realmente importante y convertirlo en algo propio e inseparable de uno mismo. A este proceso se le llama cristalizar. En el anciano han de cristalizar todas sus experiencias, ya que éstas forman parte de la verdadera sabiduría que hemos venido a buscar en esta vida. Cristalizar también implica ser transparente al paso de la luz, y como en la luz blanca están todos los colores incluidos, esto nos lleva a la aceptación y el conocimiento de todos los colores; es decir: opiniones, ideologías, credos, situaciones, edades…, sin tomar partido exclusivo por uno de ellos, sino por el contrario, asumiendo y amalgamando todos en un Todo único y superior donde la dicotomía se convierte en el caleidoscopio de la Unidad.

Este estado de consciencia propio del Movimiento Metal durante el otoño no corresponde exclusivamente a los ancianos, sino que nos afecta a todos los seres vivos, más allá de nuestra edad biológica, por lo que todos –sin excepción en esta época– deberíamos realizar el mencionado proceso de limpieza de lo no esencial, para ir interiorizando lo realmente importante. En otras palabras, es el momento de discernir, de separar, de filtrar, y de distinguir lo que es realmente importante de lo que es en verdad superficial y banal, y que supone un peso que nos lastra en nuestro proceso evolutivo.

Medicina China

El otoño es un momento de transición del Yang al Yin. Así, en este momento, la energía Yang va disminuyendo, y la energía Yin va aumentando. En términos generales, la energía se va hacia el interior del cuerpo, lo que implica que la circulación sanguínea se va ralentizando e interiorizando, dejando al sistema superficial[1] más expuesto a agresiones externas por viento-frío o viento-humedad proveniente del clima. Todo ello puede ser el germen de dificultades adaptativas que se muestran en las características enfermedades del otoño: catarros, gripes, alergias, etc.

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Según los ciclos circadianos de la Medicina China, que provienen de su cosmología, los órganos que forman parte del sistema o Movimiento Metal son el pulmón y el intestino grueso, y cada uno de ellos tiene un período del día en que llega a su mayor actividad. Así pues, el horario del pulmón es de 03:00 a 05:00 horas de la mañana, y el de su pareja, el intestino grueso, a continuación, de 05:00 a 07:00 horas (siempre solares).

El pulmón y el intestino grueso se ocupan de la limpieza de todo nuestro cuerpo, expulsando las sustancias innecesarias a través de los poros de la piel, la respiración y el sistema excretor.

En otoño, debido a los cambios drásticos de temperatura entre el día y la noche, se propician enfermedades respiratorias con síntomas como sed, boca seca, labios secos, nariz seca, dolor de garganta, tos seca, piel seca, heces secas, estreñimiento e inquietud. Como el sistema respiratorio es un sistema abierto, la nariz, el tracto respiratorio y el pulmón son fácilmente dañados por el frío y por la Sequedad (Zao). De igual manera, la piel –el órgano más extenso del cuerpo–, muestra los síntomas de las afecciones propias del otoño y de su función primordial como órgano emuntorio[2]; a saber: dermatitis de todo tipo (como los distintos tipos de psoriasis), acné, alergia o urticaria.

Dietética China

Como norma general, deberíamos consumir alimentos de cada estación para estar en armonía con las leyes de la naturaleza, sin olvidar adaptar la norma general a la particularidad de cada persona según su edad, actividad, etc.

Con la llegada de los primeros fríos y la sequedad propia de la estación otoñal[3], es necesario que la dieta ayude a estimular la energía defensiva. Para ello, se ha de proteger el intestino grueso con la ingesta de verduras y fermentos (prebióticos[4]) para mantener un adecuado equilibrio de la flora bacteriana[5]. Igualmente, es adecuado prescindir o minimizar los productos demasiado especiados, muy refinados, el azúcar blanco, excitantes como el café, secantes como el alcohol y aquellos que contengan demasiados añadidos industriales para su conservación.

Alimentos recomendables:

  • Dieta tibia-caliente. Evitar alimentos secos o de acción secante (algas y exceso de sal) y los de naturaleza fría-fresca, como las frutas crudas, las ensaladas, los brotes y el tofú frío.
  • La hidratación se puede hacer con caldos vegetales calientes; con peras, por tener un tropismo para el pulmón conocido desde tiempos inmemoriales; con uvas, por ser de temporada y ser muy depurativas y eliminadoras de la sequedad, etc.
  • El aumento del sistema inmunitario se realizará especialmente con verduras fermentadas, como el chucrut, aunque las verduras sin fermentar también son necesarias. De igual manera, setas y hongos serán ideales por sus innumerables propiedades inmunitarias.
  • Los alimentos de color blanco tienen un especial tropismo para el otoño, como la cebolla, el nabo, la coliflor, el rabanito, etc.
  • Los productos con sabor picante tienen una función directa sobre el intestino grueso y el pulmón, caracterizándose por ayudar a eliminar toxinas al ser bactericidas, por estimular la circulación sanguínea y por subir el sistema inmunitario. Han de tomarse según la tolerancia de cada sistema digestivo, porque su exceso puede ser problemático para algunas personas.
  • La Medicina China nos enseña que el jengibre fresco en la comida o en infusión es un gran aliado en otoño. Su naturaleza tibia y su sabor picante le hacen ideal para prevención y tratamiento de catarros y gripes, por subir el sistema inmunitario a la vez que calienta y protege el sistema digestivo.

Conclusiones

Durante el otoño el Movimiento Metal nos enseña lo siguiente:

  • Se debe reforzar y purificar los pulmones por medio de ejercicios respiratorios, como los que se diseñan en Qi Gong (qìgōng, 氣功) o al menos, con una actividad física moderada, pero frecuente.
  • La decrepitud de la vejez no es más que la evidencia de que ha llegado el momento de ir dejando caer todo aquello que ya está caduco, y de sintetizar e integrar nuestras experiencias de vida, que es el único y el verdadero equipaje con el que más tarde nos iremos.
  • Sea cual sea nuestra edad, es el momento de cristalizar; es decir, sintetizar las experiencias adquiridas, para poder soltar el lastre de lo superfluo e innecesario. Ahora es el mejor momento del año.
  • La tristeza y la melancolía son las emociones propias de esta estación y de este movimiento. No hay emociones buenas o malas, sólo hay emociones que nos guían por el sendero de la evolución. No se trata de combatir, superar o ignorar la tristeza, la añoranza o la melancolía: se trata de utilizar estas emociones como un vehículo que nos permite, en esta época mejor que en ninguna otra, profundizar en el interior de nosotros mismos, igual que la savia de las plantas se dirige hacia su interior. La Vida es un pulsar tras otro. En primavera y verano, el pulsar es ascendente y exteriorizante, mientras que en otoño e invierno, es descendente e interiorizante. Así pues, una vez más, el taoísmo nos muestra el camino de menor resistencia: el conocido concepto taoísta wú wéi (无为), el camino de la naturaleza. En palabras del gran sinólogo Joseph Needham[6], el wú wéi nos enseña a, simplemente, a vivir sin ir a contracorriente de la Vida. En otras palabras, se trata de dejarnos inducir por la Madre Naturaleza para que ella nos muestre el camino correcto. Esa es en síntesis la gran lección que nos aporta el taoísmo.

[1] Término empleado en Medicina China que aglutina las funciones de la piel, la nariz y la garganta. Todas ellas regentadas por el pulmón.

[2] Los emuntorios del cuerpo son aquellos órganos, glándulas, conductos y tejidos encargados de la limpieza del organismo; a saber: piel, riñón, tubo digestivo, hígado y pulmón.

[3] Clima característico del hemisferio norte, que China comparte con Europa. Aunque en España el otoño ha sido lluvioso, en términos generales, predomina la sequedad en el ambiente.

[4] Los prebióticos son el alimento que ayuda al crecimiento de las colonias bacterianas saludables. No confundir con los probióticos, que son bacterias que se toman directamente para repoblar el tracto digestivo tras la pérdida de la flora o microbiota saludable.

[5] Actualmente, se ha modificado su nombre por el de microbiota, por ser un concepto aún más amplio e importante.

[6]  Joseph Terence Montgomery Needham (1900–1995), fue un bioquímico profundamente reconocido por sus trabajos sobre la historia de la ciencia y la tecnología en China por su obra Science and Civilisation in China (obra monumental, de cerca de 30 volúmenes, iniciada en 1954). La ciencia china tiene una gran deuda con un científico que realmente amó China, por lo que consagró casi cincuenta años de su vida al estudio minucioso de su cultura.

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