El movimiento fuego en cosmología china y su equivalencia con el corazón en Medicina China

Autor: Rafael de Mora Sánchez

Tras el invierno, la vida se congeló e interiorizó, como corresponde al Movimiento Agua. La llegada de la primavera despertó la vida que el Movimiento Madera rige y, tras él, llega el verano, que según la tradición china se divide en dos periodos. El primero es el correspondiente al Movimiento Fuego: el momento de máximo calor de todo el año (canícula); y el segundo al Movimiento Tierra, todo según la tradición china antigua.

De los diferentes diagramas que representan los Cinco Movimientos de la cultura china (Wǔxíng,五行), el creado por Zou Yan (邹衍, 305 a. C. – 240 a. C.) es el que mejor evoca la posición cosmológica que el Movimiento Fuego ocupa. Zou Yan fue un antiguo filósofo chino, más conocido como el pensador representante de la Escuela del Yin-Yang o Escuela Naturalista, durante la época de las Cien Escuelas de Pensamiento de la filosofía china. También fue uno de los miembros más famosos de la Academia Jixia (稷下学宫). En su diagrama se observa cómo el Movimiento Fuego, fiel a su naturaleza ascendente, se encuentra ocupando la parte superior en oposición al Movimiento Agua, que se encuentra en la inferior, ya que esta última tiene una dirección descendente. Los Movimientos Madera y Metal se encuentran equidistantes entre Fuego y Agua y, en el centro, el Movimiento Tierra (segundo período del verano), en torno al cual todo pivota.

El rey Wen escribió el Yijing (易经) o Libro de los Cambios durante el III milenio a. C., estructurando los 64 hexagramas, principalmente, a modo de camino iniciático, aunque se ha hecho más popular su uso oracular. Tras muchas exégesis y estudios posteriores, el neoconfuciano Shao Yong (邵雍, 1011–1077) creó la famosa rueda que lleva su nombre, reorganizando los hexagramas tomando como referencia los flujos y reflujos de la luz solar a lo largo del año astronómico, por lo que asoció cada hexagrama a unos días concretos del año.

Así es como vinculó el hexagrama número 1, Qian (Lo Creativo), con el período que comprende el solsticio de verano (17-21 de junio) y con el Movimiento Fuego que lo abarca. Sus enseñanzas para este período son:

  • Lo Creativo obra elevado logro, propiciado por la perseverancia.
  • Fundamentalmente propicio, será favorable mantener la firmeza.
  • Los cambios y transformaciones del Dao del Principio Activo hacen que cada ser encuentre su propia naturaleza y su destino, abrazando y uniéndose a la Armonía Suprema.

Estas pautas arquetípicas nos muestran el camino a seguir durante esta época.

Las Edades del Hombre

El Movimiento Fuego en las Edades del Hombre comprende la juventud, desde el momento en que empieza la preadolescencia hasta que el joven alcanza el estado joven adulto.

El joven desarrolla su cuerpo y su psique a caballo entre el niño que fue y el adulto en que comienza a convertirse. Al igual que la llama siempre permanece vertical, durante este período el idealismo se instala en el corazón de los jóvenes. Es el momento de la búsqueda de referentes externos, más allá de la influencia paterna, y es así como los jóvenes buscan la pertenencia a diversos grupos, que van desde el grupo de amigos hasta grupos religiosos, políticos, deportivos, etc.

Igualmente, es el momento de la explosión sexual donde los dos polos de la vida (yin y yang) buscan su comunión, lo que también implica la búsqueda de la propia identidad que, junto con la independencia económica, son los pasos necesarios para llegar a la plenitud que representa la edad adulta.

La tradición china asocia la juventud con la alegría de vivir, con ir al encuentro de los porqués que rigen la vida, la búsqueda de sentido, la vocación, el amor, los ideales: todo aquello que forma la esencia del ser humano. Es el tiempo de la máxima conexión con los aspectos espirituales, elevados y creativos de los que nos habla el Yijing (易經), así como de la importancia de mantener la perseverancia y la firmeza para no perder la dirección correcta. Es contactar con todo el mundo invisible que da sentido y forma al mundo material y físico en que vivimos.

Ciencia moderna

Aunque aún hoy en día muchos médicos siguen viendo al corazón como una simple bomba de sangre, la neurociencia nos muestra que el corazón es mucho más. El campo electromagnético del corazón es el más potente de todos los órganos del cuerpo, llegando a ser 5.000 veces más intenso que el del cerebro. A nivel bioquímico, libera hormonas y neurotransmisores (misión característica del cerebro), como la hormona llamada ANP (péptido natriurético atrial), que asegura el equilibrio general del cuerpo, gracias a que inhibe la producción de la hormona del estrés y produce y libera oxitocina. Esta hormona es sintetizada por las células musculares de la aurícula cardíaca (miocitos auriculares), como respuesta al aumento de la presión arterial.

No menos impresionante es su capacidad de comunicación con el cerebro mediante la transmisión de impulsos nerviosos. El corazón envía más información al cerebro de la que recibe. Es el único órgano del cuerpo con esa propiedad, y puede inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las circunstancias. Igualmente, se ha descubierto que a través del ritmo cardiaco y de sus variaciones, el corazón envía mensajes al cerebro y al resto del cuerpo. Todo ello significa que, literalmente, el corazón se comporta como un cerebro independiente y como el verdadero emperador en la sombra.

Pero el corazón es muy vulnerable a las emociones negativas fuertes y al estrés, que lo desajustan y alteran. Al perturbar al corazón, necesariamente se verá afectado el resto del cuerpo sin excepción, generando todo tipo de somatizaciones

El corazón en la Medicina Tradicional China

Los Tres tesoros o Tres joyas del taoísmo (Sānbǎo, 三宝) son: Jing, Qi y Shen (精气神), traducidos como Esencia, (energía) y Espíritu. El concepto Shen (神) se relaciona con el espíritu, alma, mente, etc., y su ubicación física está en el corazón, lugar donde la cultura china sitúa la esencia de la persona (a diferencia de Descartes, que consideraba que el alma se encontraba en la glándula pineal o epífisis). El Shen de una persona se puede apreciar en el brillo de sus ojos, lo que para un buen observador denota la salud de la persona y su nivel de consciencia. Como la consciencia y el psiquismo del Shen(神) se expresan en el corazón, todas las enfermedades psicológicas y psiquiátricas están relacionadas con él. Por ello, todas ellas han de ser tratadas a través del grupo de meridianos que controla el Movimiento Fuego. Según la teoría de los Zang Fu (órganos y vísceras), el Movimiento Fuego no tiene un par de órganos y vísceras asociados a él, ni tampoco dos meridianos, como ocurre comúnmente, sino que tiene el doble: Corazón-Intestino delgado y Pericardio-San Jiao (triple calentador).

El corazón tiene su máxima actividad de 11 h a 13 h (horario solar), y el intestino delgado a continuación, de 13 h a 15 h, coincidiendo con el momento en que el Sol se encuentra en su apogeo diario. La pareja corazón-intestino delgado es conocida como el fuego maestro. Ya que en el corazón habita el Shen (centro del psiquismo), es crucial protegerlo como se hace con el emperador o el rey en un país, por ser él quien sostiene la integridad del sistema. Por ello, el pericardio (con su máxima actividad de 19 h a 21 h) y el San Jiao (de 21 h a 23 h) son los órganos y meridianos que componen el conocido como fuego ministro, y se comportan como «ayudantes» y protectores del corazón.

Desde la antigüedad en China, el complejo Shen-corazón ha sido tratado como el epicentro de la salud de la persona. De igual manera, tradicionalmente se evocaban tres cerebros en el cuerpo humano, siendo el corazón el más importante de ellos. Así mismo, era conocida la repercusión que las emociones negativas tenían sobre el corazón (y desde él hacia el resto del cuerpo) y cómo estas mismas emociones se podrían tratar y prevenir desde el propio corazón, lo que hoy en día se denomina coherencia cardiaca (conjunto de técnicas actuales para armonizar corazón y cerebro), adaptadas de la antigua práctica china llamada la sonrisa interior, que realizaban los taoístas y que, en la actualidad, se agrupa dentro del Qìgōng (气功).

Dada la vinculación existente entre el corazón y el verano, el exceso de calor propio de la época crea disfunciones en él. Por ese motivo, hay que extremar las precauciones. No obstante, hay momentos especialmente adecuados para realizar determinados tratamientos.

Desde la antigüedad, existen tres grupos de días conocidos como los «San Fu Tie, 三伏贴» o los «días de los Tres Fu o los días de los perros (Geng)». Dichos días corresponden al tradicional ciclo sexagenario (gānzhī, 干支) surgido en la antigua China durante el III milenio a. C., que se extendió por la mayor parte del continente asiático y que aún hoy en día sigue en vigor en las tradiciones populares de muchos países del lejano oriente.

En invierno, la energía fría se introduce en nuestro cuerpo y lo enfría, pudiendo bloquear el natural funcionamiento de los meridianos, como ocurre en las enfermedades crónicas invernales. Con la llegada del calor, puede que parte de ese frío internalizado no sea completamente expulsado por el cuerpo, lo que cronifica las patologías existentes. Por ello, es necesario eliminar dicho frío interno a través de aprovechar la energía yang del verano, ya que es el momento más propicio. Así se expone en los principios terapéuticos de «nutrir el Yang en verano» y «tratar las enfermedades de invierno en verano».

Este año y el siguiente, los San Fu Tie (三伏贴) ocupan los siguientes períodos:

Años

Chufu (1.er período)

Zhongfu (2.º período) Final Zhongfu (3. er período)
2021 11-30 de julio 31 de julio – 9 de agosto 10-19 de agosto
2022 16 de julio 27 de julio – 14 de agosto 15-24 de agosto

 

Dependiendo de la patología y de las condiciones particulares de cada paciente, se utilizan sobre los puntos de acupuntura correspondientes en la espalda los tratamientos con moxibustión (jiǔ, 灸) –aplicación local de calor quemando puros o conos de Artemisia argyi–, ventosas o parches con plantas medicinales.

 

Conclusiones

La primera mitad del verano es el tiempo de la canícula, de la alegría, de los ideales, de la explosión sexual que nos lleva a la madurez y del máximo desarrollo físico del adulto joven. Más allá de nuestra edad biológica, este es el momento del reencuentro con los fundamentos que componen nuestro ser: principios, creencias, ideales…

En cuestiones dietéticas, es aconsejable comer alimentos de sabor amargo, ya que los alimentos con este sabor tienen la función de nutrir al corazón. Aunque la naturaleza del corazón es el Fuego, el exceso de calor propio de esta época perjudica al corazón. Por ello, es necesario (aplicando el sentido común) evitar las horas de máxima radiación solar para hacer ejercicio físico, tomar comidas ligeras y con alimentos de naturaleza fría/fresca (frutas y verduras, ricas en vitaminas, minerales y agua), evitar las corrientes de aire fuertes (las calientes y aún más las frías) y las bebidas heladas, ya que, para que nuestro estómago haga bien la digestión, necesita tener una temperatura interna óptima (40ºC), que propicia su buen funcionamiento. Pero si se ingieren bebidas muy frías y/o helados para compensar el exceso de calor, la función digestiva se puede dañar, generando malas digestiones.

Igualmente, el consumo de agua es crucial en esta época, pero las bebidas alcohólicas y las muy carbonatadas y edulcoradas generan un gran gasto de agua en nuestro interior (para diluirlas y metabolizarlas), por lo que se las considera deshidratantes. Así pues, es recomendable tomar té verde, que además de ser refrescante (por su naturaleza fresca), es diurético (ayuda a expulsar el calor y las toxinas) y también, gracias a la teína que contiene, nos ayuda a compensar el sopor estival. De igual manera, las infusiones de madreselva, hierba buena, diente de león o crisantemo están muy indicadas para aliviar el calor del verano.

El corazón es el verdadero timonel de nuestra existencia: es él quien gobierna la nave en silencio y es él el verdadero maestro de la psique, de la conciencia y de las emociones. Ha llegado la hora de sentir, pensar y actuar con y desde el corazón. Todos los órganos del cuerpo, incluido el cerebro, no son más que sus súbditos: el corazón es el sumo pontífice que conecta la Tierra (el cuerpo material) con el Cielo (la esencia inmaterial).

La clave para la salud global y cardiaca reside en el placer y la alegría que da el vivir con plenitud, involucrados en un proyecto de vida que le dé sentido y dirección, es decir: trascendencia. Sólo conseguiremos ese fin si ponemos al corazón en el centro de nuestra vida, que es el lugar que realmente le corresponde.

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