Comprendiendo la amenaza global del coronavirus (Parte 2)

Autora: Dra. Nuria Lorite Ayán, publicado en Long Island el 31 de enero de 2020

En la primera parte de este artículo publicada en el diario digital Long Island Al Día el 29 de enero de 2020, expusimos las características generales del coronavirus, los grupos de riesgo, cómo podemos saber si existe posibilidad de habernos contagiado, cómo actuar ante el supuesto de un contagio y comenzamos a adentrarnos en cómo se defiende nuestro cuerpo introduciendo la idea de que el sistema inmune también se entrena… desde que llegamos a este mundo, pero al principio, ¿qué pasa? ¿Podemos ayudar al sistema inmune siendo adultos?

En esta segunda parte, compartimos cómo podemos prevenir el desarrollo de la infección en este y otros casos semejantes y minimizar, en la medida de lo posible, las manifestaciones y el curso de la enfermedad. El cuerpo es maravilloso, hemos de ayudarle.

Coronavirus: ¿un virus animal o humano?

Como ya hemos explicado en la primera parte de este artículo, el coronavirus puede afectar a animales y a humanos, conocimiento que se constata desde hace décadas.

El coronavirus provoca lo que se denomina una zoonosis o enfermedad zoonótica. Es decir que, si un animal está infectado, los humanos cercanos a los animales o a los alimentos que provengan de ellos, se pueden contagiar también. Hay zoonosis muy graves como la enfermedad que conocemos como «encefalomielitis espongiforme» o también llamada «mal de las vacas locas». La verdad, ¡qué nombre tan poco acercado! Pobres vacas.

En el caso del rotavirus y del coronavirus, son patógenos difíciles de evitar, según los veterinarios, pues están por todas partes. Afectan en épocas de frío tanto a los animales de compañía, como a los de granja y también a animales salvajes. En definitiva: es muy complicado evitar que los animales estén expuestos.

Se observa con cierta frecuencia, por ejemplo, en las vacas cuyo hábitat es cercano o similar el mismo al nuestro que si se hacen pruebas inmunológicas para saber si ha habido un contacto previo con coronavirus, se confirma que hubo un contacto previo, pero, la infección no llegó a desarrollarse ya que el sistema inmune pudo resolver sin grandes problemas.

Esto ocurre también en los humanos, con el coronavirus y con otros virus. Un día te haces pruebas de inmunidad y dices: «¡anda!, yo no sabía que había pasado la rubeola (y no había sido vacunada)».

Cuando el sistema inmune, apoyado por otros sistemas, ha sido capaz de defendernos y superar la infección, no nos sentimos enfermos. Es como «no tener noticia» del contagio concreto de un virus concreto. Puede ocurrir que el proceso ha sido leve, con escaso malestar y no ha habido necesidad de tratamiento importante, ni de pruebas específicas, así que no lo hemos sabido hasta que nos hecho esas pruebas que poníamos arriba como ejemplo con la rubeola.

Dada la situación de «ubicuidad» que comentamos para el coronavirus, si están por todas partes, vuelve a surgir una pregunta.

¿Por qué unos caen enfermos y otros no? ¿Qué favorece la rapidez de contagio?

Parte de la respuesta está dada en la primera parte de este artículo en el apartado de grupos de riesgo.

La evolución de la infección depende de otros factores que ampliamos a continuación. Como ocurre en cualquier combate, hay que tener en cuenta a las dos partes: su fuerza, sus recursos y su estado general. Por ello consideramos: estado de salud del huésped, su estado defensivo, su estado anímico, quizá está muy estresado… El huésped puedes ser tú, aunque parece una palabra «amable», en estos casos somos un huésped sin desearlo, para que quede claro. Esto no es como las Apps de alquilar una habitación en casa en las que tú decides si albergas a alguien o no.

El estrés modifica las defensas: nos hace más susceptibles a infecciones, también a alergias y a afecciones autoinmunes.

El estrés baja las defensas… Lo llevamos diciendo hace décadas, incluso siglos (yo no llevo siglos diciéndolo, no he alcanzado tal nivel de longevidad); es la experiencia y el conocimiento de tantos que han trabajado anteriormente y nos dejan sus resultados y textos, y así se demuestra; es decir, que lo sabemos «de siempre».

La exposición a la contaminación ambiental es otro factor de riesgo.

Así mismo, padecer ciertas enfermedades respiratorias, cardiovasculares, debilitantes o crónicas como comentamos en los grupos de riesgo en la primera parte. Así mismo, como es lógico, las personas inmunodeprimidas, de lo que hablamos más adelante.

Los grupos y la socialización son otro factor de riesgo que promueve el contagio:

Cuando los humanos estamos más juntitos, en el trabajo, en el colegio, en la universidad, con los amigos, con la familia… hablamos, respiramos, tosemos… y en las gotitas que se escapan por la boca o por la nariz al estornudar, hablar, toser… aunque creamos que no, van bichitos, van virus. Nos tocamos la boca, luego la nariz, tocamos a otro, nos besamos… luego nos tocamos la boca, los ojos, cogemos el pañuelo de papel del otro que se ha sonado los mocos (y está llenito de virus) para tirarlo… ¡que lo tire él, que son sus virus!

Bueno, que tanta cercanía y tanta afectividad… pues pasa lo que tiene que pasar… que los virus son felices con tanto humano junto y van saltando de uno a otro.

Si sabes que has estado con alguien que ha sido diagnosticado, te lo van a decir, pero habrías de mantener 14 días sin estar con otras personas, sobre todo de grupos de riesgo.

La Organización Mundial de la Salud, recuerda que actualiza datos: abajo tienes el link. Recuerda por favor, vuelve a la primera parte de este artículo, para saber los tiempos de posible contagio, no entremos en pánico.

Los recientes datos nos están explicando que en los servicios de urgencias de los centros hospitalarios se producen muchos contagios de coronavirus, como ocurre con otros virus. Por ello repetimos la recomendación de acudir ante la duda a un centro de salud o tu médico, no directamente a urgencias. Está conviviendo la gripe con los resfriados comunes estacionales, con esta alerta de coronavirus.

Resumen de factores que promueven el contagio:

  • Pertenecer a un grupo de riesgo (ver parte 1): bebés, enfermedades respiratorias, cardiovasculares, crónicas y/o debilitantes. Personas inmunodeprimidas.
  • Contacto con animales contagiados.
  • Estrés.
  • Contaminación ambiental.
  • Grupos y socialización.

El sistema inmune también se entrena… desde que llegamos a este mundo, pero al principio ¿qué pasa?

Hemos nombrado que los bebés son un grupo de riesgo para las infecciones en general, que se pueden contagiar fácilmente y si tienen diarrea, hay que cuidarlos especialmente.

Si nadie nace sabiendo… ¿cómo se defiende un bebé? El sistema inmune se va entrenando, se van creando las defensas inespecíficas y las específicas frente a patógenos concretos a medida que vivimos experiencias diferentes, como la vida misma… Vamos aprendiendo a solucionar situaciones y lo hacemos lo mejor que podemos. A veces, claro está, necesitamos ayuda con sustancias específicas o medicamentos concretos.

Cuando nacemos, al amamantarnos, nos prestan un sistema inmune con una información e instrucciones de defensa muy valiosa que no hemos creado nosotros: es un regalo que recibimos a través del calostro. El calostro es eso que llamamos «la leche de las primeras horas», aunque es distinto a la leche materna. El calostro es un tesoro de la naturaleza, que ofrece múltiples beneficios, pero lo más destacado y alucinante es que el calostro no está hecho principalmente para que el bebé se ponga gordito y guapo, no. Para eso es la leche materna de después. ¿Para qué está hecho entonces?

El calostro almacena experiencia inmunológica de la madre

El calostro está creado para mantener vivo al bebé. En la fase final del embarazo, el sistema inmune de la madre gestante hace una copia de toda la experiencia inmunológica de la madre, de esas batallas en las que resultó vencedora, la cual está codificada en unas moléculas pequeñas las cuales actúan como disco duro o copia de seguridad. Se trata de un manual de instrucciones de defensa inmunológica.

Esa información se transporta dentro de ciertas células inmunológicas que circulan por la sangre hacia las mamas, que como sabemos se preparan para alimentar al bebé cuando nazca. Pero lo primero es mantener vivo al bebé que sale a un ambiente totalmente distinto al vientre materno, lleno de amenazas. Por ello, (me emociona contar esto) se le presta un sistema inmune al bebé que le permite actuar tal como ha luchado su madre frente a organismos patógenos si su cuerpecillo entra en contacto con uno de esos seres malvados.

Es maravilloso. Veréis. En esa información hay varios datos codificados: pasamos la foto del malo, para reconocerlo; las instrucciones de qué hacer para defendernos y destruirlo, y una señal que indica cuándo hay que dejar de luchar, porque claro… En todos los combates hay una señal de alto el fuego.

El calostro puede hacer esto y muchas cosas más. Si quieres saber más, por favor, contacta conmigo en el correo que está al final, te enviaré con mucho gusto información ampliada.

¿Os habéis fijado, queridas madres que me leéis, que gracias al calostro posiblemente vivimos la única vez en que los hijos/as nos hacen caso a la primera y sin rechistar?  ¡Ah! me viene la emoción otra vez…

El calostro ayuda a evitar las diarreas, tan frecuentes en los recién nacidos. Ayuda a todo el sistema inmunológico: a la formación y entrenamiento de células defensivas generales y específicas, y de las sustancias necesarias. Sigue leyendo, pues te vas a sorprender.

Una función importantísima del calostro es favorecer el desarrollo de la flora o biota intestinal adecuada, ayudando a la colonización con bacterias buenas y a la eliminación de los gérmenes malos. De hecho, el calostro es activo frente a los patógenos más frecuentes causantes de diarreas en los bebés, como el coronavirus. Sí, ¡el coronavirus!

Tengamos en cuenta que la flora intestinal es fundamental para la defensa, y que justo, por esos virus que provocan diarrea, se destruye. ¿Veis el peligro de los virus diarreicos?

Flora, biota, microbiota intestinal, microbioma. Hay muchas palabras para lo mismo… Nos complicamos la vida que da gusto… ¿Cómo no vamos a estar estresados? 😉

Una pequeña cantidad de calostro de recuerdo actúa en humanos y en animales

Esto es sorprendente. En el caso del coronavirus, tengo que nombrar a las vacas del principio: los veterinarios han demostrado que, en los terneritos recién nacidos, si se mantiene la toma de calostro más tiempo, aunque sea en cantidades muy pequeñas, no sólo se prolonga el tiempo de protección frente a los virus patógenos causantes de diarreas (rotavirus, coronavirus), sino que, si se contagian, se recuperan mejor.

En los humanos, es igual…

El calostro nos aporta información inmunológica esencial, y esas funciones tienen lugar igualmente cuando somos adultos. Por eso usamos calostro de vaca, unos lo toman si tienen vacas, otros lo usamos en complementos nutricionales para «renovar o actualizar» el sistema inmune.

Y pensaréis… ¿y qué sabe una vaca de cómo se defiende mi sistema inmune? Pues la magia, permitidme la palabra porque es tan impresionante que pareciera magia, es que la experiencia inmune guardada en el sistema defensivo de un mamífero sirve para otro mamífero de distinta especia y también para individuos de la misma especie. ¿De dónde pensáis que vino la primera vacuna de la viruela? De una vaca.

Las vacas comparten un entorno con los humanos: estamos expuestos como quien dice a los mismos patógenos. Esto es importante pues, aunque el calostro humano y el de vaca no es idéntico, sí se observa que nos puede ayudar a los humanos. Por ello, en mis formulaciones para cuidar el sistema inmune, he creado una «emulación del calostro humano» con calostro de vaca y otras sustancias que sustituyen lo que tiene el calostro humano y no tiene el de vaca. De este modo, pretendo mejorar la respuesta del sistema inmune y contar con el factor «tiempo» tan importante…

Bien. Sigamos, pues hay otras sustancias naturales que nos pueden ayudar a prevenir y a aliviar los síntomas si nos enfermamos. La clave: el sistema de control central.

coronavirus

¿Qué podemos hacer nosotros por prevenir infecciones virales como el coronavirus?

El sistema inmune, el sistema nervioso y el sistema endocrino colaboran y se afectan mutuamente es lo que denomino el «Sistema de Control Central» (SCC). El SCC se desequilibra a causa de varios agentes desestabilizantes y la presencia de un factor patógeno como un virus o de una enfermedad crónica, lo son.

Piensa en más situaciones que te desestabilizan, haz una lista… Te puedes quedar sorprendido/a de cuántas situaciones te pueden alterar. Y recordemos que el estrés, altera tus defensas y te expone más a infecciones, en este caso hablamos del coronavirus.

Entonces a la pregunta qué podemos hacer nosotros, la respuesta es: sentido común. Aplicar la lógica: higiene, seguridad alimentaria, prevención inmunológica, dieta saludable, ciertos complementos, minimizar el estrés.

Hábitos de vida

Obviamente la higiene es muy importante, máxime cuando hay personas enfermas en el entorno, cuando nosotros estamos enfermos o en esas primeras dos semanas tras haber estado en contacto con alguien que luego enfermó o estuvo en las zonas de riesgo real de coronavirus.

Por ello, se recomienda lavarse las manos varias veces al día pues minimiza el riesgo de contagiarnos y para evitar que otros se contagien por nosotros. Lavar las manos de los niños pequeños que ellos / ellas por iniciativa propia no lo van a hacer. Agua y jabón. Puedes usar también esos geles de alcohol o desinfectantes que caben en cualquier bolso, mochila o en el coche. Evita las toallitas que luego no se degradan y hay demasiados desechos ya.

Limpia bien las superficies… La pantalla de tu móvil es una piscina de lujo para los gérmenes. El teclado del ordenador o computadora. El mando de la tele, el de la play, todos los mandos… ¡un asco, vamos, si te lo piensas! Pero que no cunda el pánico. Límpialos con alcohol que es barato y un paño especial, si lo haces con cuidado no a chorretón, se evaporará. No obstante, lee las instrucciones de limpieza a ver si se va a estropear algo y me echas la culpa a mí.

Ropa: Cambia la ropa de cama, lava tu ropa, pijama, toallas: no uses la misma ropa donde has sudado o que vestías cuando estornudas o toses. No te guardes los pañuelos de papel en los bolsillos.

Usa mascarilla. Yo lo digo mucho, por la contaminación ambiental y, en este caso, por los gérmenes. Me da rabia cuando alguien en el metro me tose o estornuda encima, me parece una falta de cuidado. Aunque sea un resfriado común… seamos responsables. Además, la mascarilla ayuda a protegernos de la contaminación ambiental que también es un factor de riesgo.

Evita contagiar a los demás. No vamos a decir que no os reunáis con vuestros amigos o familia, pero manteniendo unas normas básicas. Ya sabes acerca del tiempo de precaución necesario si se trata de contacto con alguien posiblemente contagiado de coronavirus, lo hemos descrito anteriormente.

Si estás hecho polvo, moqueando, tosiendo, te duele o molesta la garganta, usa una mascarilla si sales, o mejor quédate en casa reposando que seguro es lo que te pide el cuerpo, y en casos como el coronavirus no sólo es lo más seguro, sino que posiblemente estarás aislado/a en un hospital.

Si tienes fiebre por encima de 38º C, si te duele todo el cuerpo, de forma intensa, si notas que te cuesta mucho respirar, como si los pulmones no pudieran coger aire, evidentemente, ahí pasa algo… Un profesional de la salud te ayudará. Busca ayuda, pudiera ser que necesites test especiales y determinada medicación.

Atención si estás en un grupo de riesgo, si tienes problemas respiratorios o cardiovasculares graves o crónicos, y de modo especial, si llevas algún tratamiento que baja tus defensas, por ejemplo, si estás con alguna quimioterapia.

Si estás inmunodeprimido (lo sabes porque te dice el médico que tienes las defensas bajas) evita los lugares muy concurridos y cerrados, evita visitas de personas adultas o niños que estén enfermos por muy leve que sea para ellos, para ti no lo es y te pones en grave riesgo. Usa mascarilla cuando salgas. Mantén unas normas de higiene básicas tanto para ti como en tu entorno. Lava bien los alimentos, las superficies y los utensilios que utilices, con productos específicos desinfectantes para alimentos.

Resumen para evitar contagiarte y contagiar a otros:

  • Higiene básica.
  • Manos limpias.
  • Limpia superficies y utensilios.
  • Cambia la ropa de cama.
  • Ropa limpia.
  • No te guardes los pañuelos de papel usados.
  • Atención especial si estás en un grupo de riesgo.
  • Sigue las indicaciones del profesional que te atiende.

Dieta variada, segura y adaptada

Muchísimas sustancias participan en el milagro de la defensa y protección de nuestro cuerpo cada milisegundo de nuestra vida. Ahora mismo… según estás respirando, leyendo, pensando.

Comer, comemos; beber, bebemos (por suerte, en ambos casos), aunque algunos siguen pensando eso de que «el agua para las ranas…». La dieta es un factor importantísimo de promoción de salud, o justo de lo contrario, puede desestabilizarla sino es adecuada.

La dieta ha de ser variada, «limpia» incluyendo vegetales, legumbres, cereales, frutas porque es donde encontramos vitaminas, minerales y principios activos que no están en otros alimentos. El aceite ha de ser de buena calidad, para mantener un patrón adecuado de ácidos grasos. Bebe agua, es imprescindible y más cuando tenemos una afección viral semejante a un resfriado. El café, el té… son diuréticos, crees que bebes agua porque se preparan con agua, pero te hacer perder agua del organismo. Los refrescos son líquidos, pero no cuentan como agua, es más, evítalos, evita el azúcar.

Los alimentos siempre han de ser seguros. Tratando como estamos del coronavirus, con mayor hincapié: las carnes y pescados han de ser de origen seguro, adquiridos en lugares de compra seguros.

Evita los animales exóticos, los animales salvajes, no sabes si pueden tener alguna enfermedad que te puedan contagiar a ti, y luego a otras personas. ¡Seamos responsables!

La dieta se debería de adaptar a nuestro trabajo, actividad física, complexión, al clima que hace donde vivimos, o donde trabajamos, a la edad.

Haciendo estas salvedades, vamos a considerar algunos consejos que te pueden interesar.

Alimentos, especias y nutrientes especiales

Podemos ayudar a nuestro cuerpo incorporando ciertos alimentos y especias en nuestra dieta. Ya hemos nombrado el calostro que pueden encontrar en suplementos. Os propongo ahora: jengibre, canela, cúrcuma. Tienen flavonoides específicos y aceites esenciales con acción antiviral y antibacteriana. Actúan con especial afinidad en el sistema respiratorio, en el intestino, en el sistema muscular y articular. Canela y Jengibre promueven la sudoración y ayudan a bajar la fiebre en las épocas frías.

Es conocida la acción antiviral del ajo, tan común en la cocina. Curiosamente, estos tres últimos, canela, jengibre y ajo, tienen sabor picante. El sabor picante se asocia en la medicina china con acciones frente a factores patógenos como virus y bacterias, incluso hongos, ayudan a su eliminación por distintas vías. Además, son de naturaleza caliente: contrarrestan el frío y ayudan a que puedas sentirte más confortable: disminuyen los dolores musculares y articulares, el intestino está más tranquilo, se evitan las diarreas. Cuando estamos enfermos y tenemos fiebre, posiblemente te has dado cuenta de que cuando rompes a sudar, generalmente baja la temperatura y al mismo tiempo entras en calor. Esta acción de promover la sudoración la tienen la canela y el jengibre. Ahora sí, cuidado, que el jengibre pica de verdad… y más si está seco. Hay muchas recetas para usarlos, también infusiones. Asegúrate de que las infusiones que compres sean de calidad. En el podcast La Vida Biloba puedes encontrar un montón de ideas.

Las setas comestibles ayudan al sistema inmune con sus betaglucanos y otros nutrientes de destacada eficacia. No obstante, hay que tener ciertas precauciones: una de ellas es el cuidado con recoger por ahí sin saber si son comestibles o no, no vayan a ser tóxicas y tengas un disgusto; y la otra: presta atención a los lugares donde crecen. Las setas u hongos tienen mucha facilidad para acumular metales pesados y otras sustancias perjudiciales si crecen en entornos donde el agua o la tierra están contaminadas. Por otra parte, incorporarlas en la dieta es estupendo, con jengibre y/o ajo. Además, añades valor extra a sus funciones, pero claro, hay que comer mucha cantidad si queremos tener una acción más duradera y real sobre el sistema inmune si es que tenemos alguna situación patógena a la que apoyar. A mí me gusta mucho usarlas como complementos nutricionales en estos casos.

Por eso, me gustaría destacar algunos que demuestran sus beneficios como poria, reishi, shiitake y otros «hongos nutricionales». Tras más de 30 años de investigación y diseño de complementos nutricionales, puedo decir que los hongos nutricionales son otro de los tesoros de la naturaleza y unas de mis sustancias favoritas, no dejan de sorprenderme. Ya en la naturaleza tienen una acción importantísima en el mantenimiento del equilibrio de nutrientes y de protección frente a infecciones de todos los seres que viven a su alrededor. Se preparan en concentrados deshidratados específicos para aprovechar mejor sus nutrientes beneficiosos para el sistema inmune y para el organismo en general.

También se pueden destacar vitaminas y minerales como el zinc, la vitamina C, la vitamina D que es una defensina y no sólo ayuda a fijar el calcio. Y algunos extractos herbales específicos como los de salvia, rhodiola, cúrcuma, jengibre, ajo (que ya hemos nombrado) o el mismo astrágalo.

Nutrientes y sustancias escogidas se pueden encontrar en ciertas fórmulas de complementos nutricionales diseñados según los parámetros que he expuesto en este artículo para incorporar en tu dieta y estilo de vida saludable. Si quieres conocer cuáles uso yo, escríbeme.

Minimizar el estrés

Ya hemos nombrado el efecto del estrés sobre el organismo y concretamente sobre el sistema inmune. La depresión, la ansiedad, el miedo… son vivencias muy comunes desgraciadamente hoy día. Si lo piensas… con el brote de coronavirus entramos en pánico y las dudas nos pueden fastidiar más. Vemos los mapas en la televisión donde ponen todos los países afectados en rojo, y asusta, ya lo creo, pero fíjate en las cifras, por favor, que hay países enormes donde las cifras son muy bajas.

Puedes hacer por llevar una vida más tranquila y placentera, aprender a parar, aprender a no hacer nada por un ratito. Aprende a meditar. La meditación existe desde hace siglos, y sus beneficios son claros para la tensión arterial, el sistema inmune, la calidad de sueño, nos sentimos más felices y pensamos con más claridad, sufrimos menos. A mí me gusta hacer un ratito de meditación al despertarme, para afrontar mejor el día, y por la noche, antes de dormir. En cualquier momento, si lo necesitas, para, y solamente respira, fíjate en cómo el aire entra y sale por la nariz. 10 o 15 minutos puede ser suficiente.

Hacer ejercicio también es una forma interesante de cuidarnos y de minimizar el estrés, fortalece las funciones orgánicas y al sistema inmune.

Para finalizar, por favor, me gustaría mucho que tuvieras en cuenta lo siguiente.

En conjunto, la Salud es ser capaces de mantener el bienestar y el equilibrio físico, mental, emocional, y también social, no nos olvidemos. Vivimos tiempos complejos, se mire por donde se mire.

La salud está relacionada con la capacidad de adaptación ante los cambios, con la habilidad de soportar presión sin venirnos abajo definitivamente, con la resiliencia y así poder superar los avatares de la vida. Las infecciones son uno de esos avatares.

No vivimos en un ambiente estéril. Estamos en contacto con el medioambiente, con el aire, con el agua, los alimentos, con otras personas, con otros seres. De estas interacciones surgen «desavenencias» biológicas, que pueden resultar en enfermedades.

Quiero destacar que la enfermedad también es un intento de la unidad cuerpo/mente que somos por recuperar el equilibrio perdido, por llamar nuestra atención sobre la lucha que lleva a cabo para mantenernos vivos y sanos… para que hagamos caso y tomemos las medidas necesarias. Por ello, es importante estar atentos a qué nos dicen el cuerpo, la mente y las emociones, pues nos hablan en su lenguaje de manifestaciones.

Mi muestra de respeto a la Naturaleza es aprender de ella y emularla, cuidarla y venerarla. Nosotros somos parte de ella. Cada uno de nosotros somos responsables de millones de células que nos forman. Nosotros, como sociedad y como especie dentro del planeta, tenemos una responsabilidad.

Muchas gracias por haber leído hasta aquí. Cuídate mucho y haz lo posible por ser feliz.

Si necesitas más información respecto a este artículo, puedes contactar por correo electrónico, el contacto está abajo.

La Dra. Nuria Lorite Ayán es Directora y fundadora de Biloba www.biloba.es, directora del podcast La Vida Biloba www.lavidabiloba.com, y editora en el diario digital Long Island al Día, Nueva York, publicado el 29 de enero de 2020

Contacto: nurialoriteayan@gmail.com

Referencias e información:

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  • de Wilde AH, Snijder EJ, Kikkert M, van Hemert MJ. Host Factors in Coronavirus Replication. Curr Top Microbiol Immunol. 2018; 419:1–42. doi:10.1007/82_2017_25
  • Hurley WL, Theil PK. Perspectives on immunoglobulins in colostrum and milk. Nutrients. 2011;3(4):442–474. doi:10.3390/nu3040442
  • Lorite Ayán, N Los alimentos según la Medicina Tradicional China. Tesis doctoral. 2015 UCM
  • Lorite Ayán, N. 2020 Comprendiendo la amenaza global del coronavirus, parte 1. http://lialdia.com/2020/01/comprendiendo-la-amenaza-global-del-coronavirus-parte-1/?fbclid=IwAR0iBUGuCRPKKsigw5ug1UjqYybYvRFqjS9w0MFCYv2aaridbEEOw7Qkp6Q
  • Midgley, S. E., Hjulsager, C. K., Larsen, L. E., Falkenhorst, G., & Böttiger, B. Suspected zoonotic transmission of rotavirus group A in Danish adults. Epidemiology and Infection, (2012). 140(6), 1013–1017. https://doi.org/10.1017/S0950268811001981
  • Perlman S1, Netland J. Coronaviruses post-SARS: update on replication and pathogenesis. Nat Rev Microbiol.2009 Jun;7(6):439-50. doi: 10.1038/nrmicro2147.

Webs:

 

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